Tomándole el peso a los datos de la economía
Sector industrial y construcción
Es insoslayable empezar por poner
delante del análisis a los datos forjados por el INDEC, respecto de los
indicadores de la actividad económica de este primer bimestre de 2017.
De este modo, en el global, el primer bimestre del año registró una depresión de la actividad fabril y de la construcción, respecto del mismo período del año pasado, del 3,5 y 2,9% respectivamente. En el desagregado, todos los rubros industriales cerraron con descensos interanuales, como el sector automotor, que retrocedió el 18,6 por ciento, la Metalmecánica, 8,5; el Acero 9,9; Aluminio 7 y Refinación de Petróleo 9,2 por ciento, entre otras.
Por su parte, la construcción sigue la
tendencia mostrada durante todo 2016, en donde acumuló una baja del 12,7 según
datos del mismo INDEC.
En ese sentido, las ventas de
electrodomésticos durante el año pasado crecieron apenas 14,4% en forma
interanual y totalizaron 67.747,9 millones de pesos, por lo que en términos
reales, teniendo en cuenta la inflación de casi 40% durante 2016, mostró una
fuerte caída de alrededor el 25%. Aunque, en el cuarto trimestre del año
anterior se registró una leve mejoría, ya que las ventas llegaron a 21.508,7
millones de pesos y crecieron 8,1% respecto de igual período del 2015, según
las cifras difundidas por el organismo oficial.
Un poco de optimismo en parte real y en (gran)
parte ficticio
No obstante, a pesar del escenario descripto, las expectativas
del los empresario desde marzo y hasta mayo resultan positivas, según la encuesta
cualitativa que realizó el INDEC entre tal sector. El 32,8 por ciento de los
empresarios prevé una suba hasta mayo, contra un 15,3 que anticipa una
disminución, mientras que el restante 51,9 por ciento no vislumbra mayores
cambios respecto a la demanda interna.
En el mismo sentido, entre las
firmas exportadoras, el 28,8 por ciento prevé una suba en sus ventas al exterior
contra un 15,2 que opina que disminuirán, mientras que el restante 56 por
ciento prevé un futuro a corto plazo sin mayores cambios.
Específicamente, y siempre
referido al período marzo-mayo, en cuanto a las ventas a la zona Mercosur, el
24 por ciento de las firmas consultadas anticipa una suba de sus exportaciones
contra el 14,9 que prevé una merma, mientras que el restante 61,1 no avizora
cambios sustanciales.
En síntesis, el 73,2 por ciento
de las firmas no prevean cambios, contra el 13,8 que vislumbra una disminución
y 13 por ciento que anticipa una suba.
Los argumentos del optimismo
Entre los argumentos que se
esgrimen a la hora de vislumbrar el futuro cercano se encuentran el incremento
de las inversiones, recordemos que el afán del gobierno es dotar de dinamismo a
la economía a través de esa vía y no, como se intentó en los últimos 12 años,
por medio del consumo, en un cuasikeynesianismo de postcrisis.
Otro de los factores al cual se
adjudica la potencial reactivación es al aumento de la obra pública, motor
basal de cualquier reactivación con empuje estatal. Así, el 36,8 por ciento de las
empresas que realizan obras privadas prevé que el nivel de actividad del sector
aumentará hasta mayo inclusive, mientras 5,3 anticiparon una baja y el restante
57,9 por ciento estimó que no habrá cambios.
En tanto, entre las empresas
dedicadas fundamentalmente a la obra pública, 53,8 por ciento opinó que la
actividad aumentará hasta mayo inclusive, 7,7 anticipó una baja y el 38,5 por
ciento cree que disminuirá.
Realidad real vs realidad ficcionada
En todo caso, y más allá
de los particulares sectores que opinan en las encuestas del INDEC y de los
estudios de las consultoras privadas la realidad se impone, de manera que en
nuestra perspectiva los vaivenes económicos no parecen presentar formas que nos
permitan percibir un futuro, por lo menos inmediato, con demasiado brío y
favorecedor de los sectores que actualmente, e históricamente, son postergados
por la políticas libremercadistas y de ajuste estructural hacia debajo de la
escala social.
Los botones de muestra son los siguientes:
La inflación de febrero
último fue del 2,5% respecto del mes de enero influenciada preponderantemente
por Alimentos y Bebidas, ítem que impacta centralmente en la calidad de vida de
los sectores de bajos recursos.
Por otro lado, si bien la
tasa de Desocupación abierta ronda el 7,5%, debemos tener en cuenta que más de
la población ocupada cobra salarios que se ubican por debajo de los $12.000,
cuando la canasta básica que implica que una familia no se encuentra por debajo
de la línea de la pobreza debería superar los $14.500 como mínimo.
En otro orden, pero en el
mismo sentido, el Estimador Mensual de Actividad Económica muestra una
recuperación del 1,1% en enero de 2017 en relación a enero de 2016, aunque el indicador desestacionalizado del mismo mes arroja
una variación negativa de - 0,5% respecto a diciembre de 2016. Seguidamente, el PBI sufrió un caída del 2,1% comparando el 4 trimestre de
2016 vis a vis el mismo período de
2015.
Por último, Estimador Mensual
Industrial de Febrero muestra una depresión del – 3,5 y en el acumulado del año
(sumado el -1,1 de enero) representa una caída del 4,6% en lo que va de 2017.
Todo lo anterior en adición a los 10 meses de caída consecutiva que se dieron
durante el año pasado.
Lo expuesto,
da como resultado y abona más que al optimismo, al pesimismo, en tanto existe un nivel de
hogares pobres del 21,5% que implican un 30,3% de personas en la misma
situación. Ahondando más en el panorama desalentador, un 4,5% de hogares están
por debajo de la línea de la pobreza, es decir que sobrellevan los pesares de
la indigencia y 6,1% de personas son la que padecen esa injusticia en el país
que se pretendía el granero del Mundo, aunque los beneficios de esa gran granja
argentina siempre fueron para un sector muy reducido de compatriotas.
Fuente:
Instituto Nacional de Estadísticas y Censo

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