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Índices, expectativas y ningún brotecito verde

La economía argentina corre por el sendero histórico determinado por su propia arquitectura política y al mismo tiempo presenta períodos, como decía Marx en su libro El 18 de Brumario de Luis Bonaparte, que suelen presentarse primero como tragedia y luego como farsa.
No sostendremos aquí que existen períodos exactamente iguales, pues cada momento histórico tiene, dada ciertas condiciones político-sociales, características propias y condimentos económicos que van de la mano de la dinámica económica global. Por tal motivo, si bien se vislumbran políticas sociales en general similares a la de los noventa (la tragedia), el escenario actual mundial es otro y por lo tanto las políticas deben ser otras (la farsa), aunque se perciba un intento por imponer desde ciertos sectores del gobierno el “sentido común” de aquella década signada por el consenso de Washington, es decir, desregulación general de los elementos fundamentales de cualquier economía nacional, mercado de trabajo incluido.    
En tal sentido, aunque el actual gobierno sea acusado de “neoliberal”, lo cierto es que tiene un mixtura tan variada y contradictoria en su accionar que resulta difícil definirlo tan taxativamente y en nuestra opinión ese es el lastre pesado en extremo que impide a “la economía”, y para utilizar un término al que acuden hoy en día muchos economistas afines al gobierno de turno, mostrar sus tan esperados brotes verdes.
No esperamos, por cierto que una política económica abiertamente neoliberal sea la panacea respecto de los problemas que agobian a la sociedad argentina. Sin embargo, por lo menos al gobierno de turno les hubiese servido, devaluación y achique del Estado mediante, mostrar índices inflacionarios menores a los actuales y con eso sacar pecho ante una de la variables sustanciales, según ellos, que no permiten “despegar” a la economía. De igual modo, la administración Macri podría haber recortado el gasto público, aunque lo hizo en ciertos sectores y de forma más que torpe, con un ímpetu más riguroso y de ese modo reducir el déficit fiscal significativamente.
En fin, de haber aplicado el gobierno las recetas del “manual neoliberal”, tal vez algún índice, que le sirva a sus fines relacionado con las promesas de campaña, podría haber mostrado, pero sabe este gobierno que no existe el contexto social y político adecuado para pensar en salir indemne, a caudal de votos nos referimos, de una andanada de políticas de ese tipo.
Es así, que el derrotero de las variables más significativas de la economía sigue tan zigzagueante e impredecible como el 10 de diciembre de 2015, día en que Macri fue “entronado” en el sillón de Rivadavia. Esto lo entendemos al ver que se mantiene una tasa de interés de referencia relativamente alta teniendo en cuenta que lo se busca, por lo menos desde el discurso oficial, son inversiones en el sector productivo y que la inversión extranjera directa vaya orientada a generar empleo.
En igual sentido, se promueve un “achique” del déficit fiscal pero al unísono se incrementa el gasto público como forma de paliar aquella falta de inversión privada, situación que conlleva una necesidad implícita de endeudamiento, toda vez que ya no se cuentan con los recursos del sector agro-exportador a raíz de la quita de retenciones.   
Del mismo modo, se esgrime la intención de impulsar la producción de mercancías nacionales y, de ese modo, fomentar el empleo “de calidad”, según palabras del Presidente, pero se abre la puerta de la cuenta corriente ampliando el cupo a las importaciones. Basta mirar al sector textil, gran tomador de fuerza de trabajo barata, que hoy vive una crisis que en líneas generales es muy similar a la de los noventa y en donde existen un gran número de empresas trabajando al mínimo de su capacidad instalada y expulsando fuerza de trabajo.
Un apartado merece el esfuerzo por combatir la inflación, que entendemos como un escollo para el desarrollo económico, aunque no coincidimos en que debe ser combatida a cualquier costo. He aquí el inmenso problema de injusticia que se presenta, cuando la única variable que se entiende como regente de la inflación es la expansión monetaria. Una vez entendido esto, lo único que queda, y lo que hace este Gobierno, es retraer el consumos mediante bajos salarios, es decir pagar la mano de obra no solo por debajo de su valor, sino por debajo de sus valores de reproducción. Entonces, la inflación, como veremos en los datos al final de esta nota, bajó en el mes de mayo, aunque el costo social es realmente ofensivo para una sociedad que se autodefine en más de una oportunidad como progresista y avanzada.

Estos botones de muestra nos indican que no existe un rumbo definido, ni mucho menos coordinado, en el accionar de los distintos estamentos del Gobierno y los resultados son los obvios desbarajustes, aunque de diferente intensidad, que se dan en las variables que rigen la economía, y en definitiva, la vida de la sociedad argentina.

Fuente INDEC

El índice de precios al consumidor muestra un incremento del 1,3 respecto del mes de abril. SI bien esto puede hacer pensar en que la meta de inflación, aunque no se cumpla, pueda estar más cerca de lo que se preveía a principios de año, el costo social es por demás significativo, tomando en cuenta que más de la mitad de la población cobra salarios por debajo de los límites de subsistencia, es decir que la variable fundamental para que esto suceda es el consumo, que para el 50% de los argentinos es el consumo primario y básico. Datos estos últimos suministrados por el mismo INDEC a través de le EPH.
Por último, la desocupación, al margen de la explicaciones “esotéricas” que los voceros del gobierno propalan por los medios de comunicación amigos, muestra signos preocupantes. Es innegable que en los últimos meses se ha destruido empleo y que la situación del mercado de trabajo tiende a empeorar de la mano de la caída de la actividad industrial tomadora de mano de obra, es decir el sector de la PYMES ya sean de manufacturas o de servicios.
En tal sentido, “La tasa de desocupación presenta un incremento estadísticamente significativo” según el propio INDEC. Esto último se corrobora el los datos que arroja el ítem “Desocupación abierta”.

Fuente INDEC primer trimestre 2017

Finalmente, es altamente significativo el dato de “Ocupados demandantes de empleo” (14,1%), ya que estaría mostrando a un sector de ocupados de medio tiempo, precarizado con salarios por debajo del mínimo vital y móvil o changarines dependientes del trabajo que le pueda demandar el sector de trabajadores formales y con salarios típicos de clase media que hoy ven sus posibilidades de adquisición de servicios adicionales recortadas debido a la caída del salario real.
Es de esperar que la situación, tal cual entendemos, no mejore, por lo menos en el corto plazo. Si todo pasa por el intento de bajar la inflación y crear de ese modo un “clima de negocios” favorable a las inversiones productivas que generen en un futuro incierto empleo genuino,  entendemos que los tiempos se van a alargar y será cuestión de ver qué sucede luego de la elecciones y el margen para avanzar hacia un neoliberalismo más explícito y las consecuencias que eso traería aparejado. Aunque esa película ya la vimos hace más o menos 20 años.

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