El empecinamiento del Banco
Central, con Sturtzenegger a la cabeza, respecto de la influencia taxativa de una tasa
de interés “alta” sobre la inflación, ha llevado a la autoridad monetaria a fijarla a un nivel que,
a priori y más allá de no garantizar inexorablemente la baja de los precios,
atenta contra la inversión productiva, y con ello contra el empleo, al tiempo
que alienta la especulación financiera, ”bicicleta” mediante.
Brevemente, podríamos decir que
la tasa de interés de casi el 18% tiene como objetivo, por un lado, lo que en
la jerga se denomina “secar la plaza”, es decir quitar dinero de circulación,
bajando la demanda de mercancías encareciendo el crédito, y por el otro,
hacer más seductora a la moneda nacional en detrimento de la opción del dólar como
recurso de ahorro (atesoramiento).
Según el INDEC "El Nivel general del Índice de Precios al Consumidor (IPC) representativo del total de hogares del país registró en el mes de
octubre una variación de 1,5% con relación al mes anterior", conicidiendo con las estimaciones que, en líneas
generales, entre ellas la “inflación Congreso”, colocaban al índice inflacionario
para octubre en torno al 1,5% y de 19,2% en el acumulado anual con una
proyección de 23% para todo el año en curso. Estas cifras arrojan por la borda
y dejan muy lejos a la pauta inflacionaria para 2017 que había proclamado el
gobierno del 17% y, adicionalmente, amenazan peligrosamente con influir bajo un
efecto “arrastre” el índice de precios en los primeros meses de 2018, por lo
que muchos analistas estiman tal índice alrededor del 15 o 16% para el año pròximo. En este
sentido, no está de más recordar que el Presupuesto 2018 indica subas en
tarifas de electricidad, gas y transporte.
Fuente: INDEC
Lo señalado, se contradice con el
objetivo deflacionario del BCRA que afirma que “seguirá manteniendo (la tasa de
interés) un claro sesgo antiinflacionario hasta que la inflación núcleo quiebre
los valores registrados desde mayo y el proceso de desinflación converja hacia
el objetivo de una inflación de 10% ± 2% para 2018”
Continuando, podemos expresar que
la política monetaria contractiva que desarrolla el BCRA viene cumpliendo,
hasta el momento, sus objetivos parcialmente, ya que, si bien la inflación de
2017 comparada con la de 2016 es más baja, no logra estabilizarse en los
niveles buscados por el gobierno en los términos de las metas de inflación
pautadas.
Si nos ponemos a analizar los
efectos de la política monetaria contractiva bis a bis la caída de la demanda que, en teoría, impulsaría una
deflación de los precios, vemos que teniendo en cuenta la pauta inflacionaria
fijada no cumplió con los objetivos mostrándose, el manejo de la tasa de
interés, como una herramienta que por sí sola es insuficiente.
Aún si ahondamos más en la
posibilidad de buscar otras alternativas a la política monetaria como elemento
único y/o central para controlar la inflación, caemos en la cuenta de que,
incluso, un aumento de la demanda no necesariamente tendría un efecto de
presión sobre el índice de precios, toda vez que la industria en general viene
trabajando holgadamente respecto de su capacidad instalada con margen de sobra
como para pensar que un aumento de la demanda sea el disparador automático de
un aumento de precios.
En tal sentido, observamos que, a
pesar de la política monetaria contractiva, en lo que va del año la capacidad
ociosa del sector industrial, en promedio, tuvo un aumento respecto de 2016.
Este dato es el reflejo de que la demanda agregada se ha incrementado en los
últimos meses. Siguiendo ese criterio, también podríamos inferir que el
incremento de la demanda agregada trajo consigo un aumento en los precios y
este hecho ha inducido al Banco Central a elevar la tasa de interés nuevamente
en búsqueda de contraerla y frenar el alza de precios.
Capacidad instalada de la Industria
En tal sentido el organismo explica “Dados los shocks recientes, y la insuficiente velocidad de la desinflación, la autoridad monetaria concluyó que se requiere un sesgo más contractivo de su política y con toda la información disponible, el BCRA decidió aumentar en 150 puntos básicos su tasa de política monetaria, el centro del corredor de pases a 7 días, a 27,75%”
No obstante, entendemos en este
breve análisis de la situación del índice de precios, que la herramienta
monetaria no es una solución per se y
que a esta medida habría que adicionarle un paquete de reformas impositivas
(hoy en debate) y un control de precios de la canasta básica que interfiera en un
posible perjuicio sobre los sectores sociales de la escala más baja.
Finalmente, y a instancias de
resguardar el empleo, es de esperar que el gobierno cambie la delicada medida antinflacionaria
actual, que limita el acceso al crédito, no promueve la inversión productiva y
alienta la especulación financiera, en pos del cumplimiento de las metas de
inflación por una medida de política económica que tenga como objetivo metas de
empleo, promoviendo el consumo y con ello la producción.


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