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SUBJETIVIDAD, IDEOLOGÍA Y OPINIÓN EN EL ANÁLISIS ECONÓMICO*

A cuento de los economistas de la TV

“Una vez que los ideólogos habían dado por supuesto que las ideas y los pensamientos dominaban toda la historia anterior, que la historia de los pensamientos y las ideas era toda la historia hasta entonces, una vez que se habían imaginado que las relaciones reales se habían ajustado siempre al hombre y a sus relaciones ideales, es decir, a las determinaciones conceptuales; una vez que habían convertido, en general, la historia de la conciencia de los hombres acerca de sí mismos en el fundamento de su historia real, nada era más fácil que llamar a la historia de la conciencia, de las ideas, de lo sagrado, de las representaciones establecidas la historia "del hombre" y hacer pasar ésta de contrabando como la historia real” (La ideología alemana; K. Marx, F. Engels, 1846).


La frase precedente de Marx y Engels nos da pie para desarrollar el siguiente artículo y referirnos a la opinión de los economistas en los distintos medios de comunicación.

Cuando los economistas tratamos de interpretar un hecho económico para luego comentarlo, con la esperanza de que algún lector aclare un poco sus ideas respecto de tal o cual cuestión de la economía, tendemos a no expresar de antemano desde donde nace nuestra mirada de la vida, de que va nuestra cosmovisión.

Lo cierto, es que la objetividad en términos del entendimiento de los hechos económicos, y las interpretaciones sociales en general, no existe, solo existe nuestra interpretación personal y para nada indiscutible, mediada por un cristal en donde se conjugan ideología, historia, creencias religiosas, biografía. Esto es de ese modo, porque la ciencia económica es, primariamente, una “Ciencia Social” y como tal, lo que analizamos nos involucra y envuelve. Estamos dentro de ese conjunto que contiene a todas las variables de una sociedad, incluidos nosotros en tanto variable sustancial, los seres humanos, por lo tanto, de ningún modo podríamos tener una mirada distante de los hechos sociales y efectivamente “objetiva”, ya que formamos parte, al mismo tiempo que los producimos y somos influenciados, de esos sucesos que estamos analizando.

En ese sentido, nuestra realidad, pero fundamentalmente nuestro prisma ideológico es central para darle forma a nuestro entendimiento de los hechos económicos y desde esa base analizarlos para luego ahondar en la explicación que intentamos transmitir a nuestros lectores. 



 No obstante, lo dicho no implica de ninguna manera no poder interpretar de una forma coherentemente analítica y orientada científicamente los acontecimientos económicos que se producen y nos afectan en nuestro diario vivir.

En virtud de lo expuesto, debe entender el lector que los economistas y la ciencia que nos involucra, en términos “ideales”, se nutren de la realidad mediada por nuestro entendimiento consumado pero personal de los acontecimientos, de asumir científicamente los hechos económicos como acontecimientos sociales ante todo, y de percibir con absoluta certeza que la económica no es de ninguna manera una ciencia exacta, sino más bien una disciplina netamente interpretativa y cuyo estudio se nutre taxativamente del foco de análisis que elijamos.

En ese aspecto, si bien nuestro origen social no necesariamente definirá nuestra interpretación, por ejemplo, solo se conoce cabalmente lo que es pasar hambre si efectivamente se tuvo esa experiencia. Del mismo modo, no es lo mismo haber caído en la pobreza porque nuestras acciones cayeron estrepitosamente de un día para el otro, transformándose en papelitos sin ningún valor, que ser pobre por haber nacido en una familia paupérrima sin ninguna posibilidad de movilidad social. En ese caso las interpretaciones de “los hechos sociales” serían diametralmente distintas.

Por caso, aquel economista que entienda que la inflación es un fenómeno estrictamente monetario verá con buenos ojos que el gobierno de turno aplique medidas de política monetaria contractiva, como lo son el encarecimiento del crédito mediante la suba de las tasas de interés, la caída de la actividad económica mediante la retracción salarial, etc. Contrariamente, aquellos que pensamos que el fenómeno inflacionario es producto de múltiples causas, como por ejemplo la puja distributiva, el tipo de cambio, la confección de precios relativos (tarifas y dólar), el poder de monopolio y la posicione dominante en el mercado de determinadas empresas, la inflación importada y algo que llamaremos “inercia” producida por una suerte de memoria inflacionaria, además de la expansión monetaria producto del déficit fiscal, esperaríamos que el gobierno atienda diferentes variables en busca de una solución más equitativa, en donde no recaiga el peso de las medidas antinflacionarias sobre la demanda, la producción y el empleo.

No obstante, lo que denodadamente deberíamos intentar es separarnos del componente empírico-biográfico, de los hechos ejemplificadores conocidos, de nuestro ropaje brindado por la escala social que ocupamos o de las normas adquiridas por influencias históricas de nuestro entorno familiar.

En tal sentido, los economistas solo somos capaces de realizar análisis medianamente objetivos
cuando generalizamos determinadas situaciones; más allá de los saberes que se adquirieron empíricamente. Entonces, nos imaginamos un modelo “ideal” que explique el hecho económico, pero, a pesar de todo, lo que en realidad sucede es que ese modelo es algo parecido a una ecuación en donde ya conocemos el valor de “X”. Esto se da de tal modo porque nuestra propia subjetividad nos orienta hacia el resultado del análisis y, por lo tanto, la conclusión y el argumento que de esta queremos dar.

Lo ideológico, que en todo caso es un complejo normativo de percepciones, ideas y creencias colectivas que se vinculan entre sí y están fundamentalmente referidas al comportamiento social de los seres humanos, nos refieren y proponen modos de actuar sobre la realidad colectiva que permea nuestra observación de la realidad y orienta el estudio puntualmente por un rumbo ideológicamente predefinido que debemos esforzamos por que no sea discrecional, apriorístico o que intencionadamente busque verificar lo que nuestra subjetividad le ordena.

Después de todo, como señalaba Frederick Engels "todo lo que mueve a los hombres tiene que pasar necesariamente por sus cabezas".

*Este artículo lo publiqué originalmente en OHMIO REVISTA y lo actualicé el 7 de julio del corriente año.

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