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“El
pensamiento de los ideólogos no ha sido únicamente una teoría del individuo y
de la sociedad; se ha desarrollado como una tecnología de los poderes
sutiles, eficaces y económicos… Y para ejercerse, este poder debe apropiarse
de instrumentos de una vigilancia permanente, exhaustiva, omnipresente, capaz
de hacerlo todo visible, pero a condición de volverse ella misma invisible”
(Michel
Foucault, “Vigilar y Castigar”; 1975)
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Introducción
Las finanzas son aquel segmento de la economía que concierne a la
obtención y administración del dinero y de otros valores como títulos, bonos,
acciones, etc., por parte de una empresa particular o del Estado, de los fondos
que necesita para sus operaciones y de los criterios con que dispone de sus
activos.
Para cumplir con su misión particular, que básicamente se centra en la
generación de activos a través de otros activos, el mundo financiero se
recuesta sobre una espesura de leyes, un determinado conjunto de instituciones,
medios, y procedimientos que vuelven invisible al poseedor, o los poseedores,
de las riquezas generadas por el juego especulativo e intermediado por una infinidad
de instrumentos creados para tal fin.
El “Gobierno de la Finanzas”
El entramado financiero aparece, a nivel global, como un sistema de
acumulación de riquezas dinerarias, o sus equivalentes, que se presenta, aunque
no por eso no influya, como por encima de la economía del sector productivo,
como una nube que va engordando al ritmo de la multiplicación de un arsenal de
instrumentos que permiten su funcionamiento y que tiene como característica una
profunda opacidad y una esencia particularmente especulativa.
En tal sentido, en Argentina la trama financiera asume las mismas
características generales que a escala mundial, aunque con condimentos propios,
relacionados con la particular biografía nacional que incluye a los quiebres de
los procesos democráticos burgueses capitalizados por sucesivos gobiernos
militares.
Si bien, desde prácticamente sus orígenes como Nación “soberana”,
Argentina ingresó al sistema financiero mundial, las finanzas marcaron a fuego
buena parte del derrotero económico a partir de la década del setenta,
configurándose una estructura del sistema financiero laberíntica y enmarañada,
que se encarga de esconder el poder económico real, al tiempo que sostiene el statu quo de un grupo de familias o
grupos económicos que hicieron del manejo de los instrumentos financieros su
fuente primordial de ingresos.
A partir de la década señalada toma un fuerte impulso, promovida por el
gobierno de facto implantado en 1976, la liberalización de la cuenta corriente
y, sobre todo, la cuenta capital, apalancada por leyes diseñadas ad hoc, como lo fue, fundamentalmente, la
reforma financiera de 1977.
Como derivación de aquello, se desmanteló el sistema de protecciones,
restricciones e intervención estatal en los mercados financieros locales e
internacionales (de la mano de una ola liberalizadora mundial), basándose en
los cánones de la teoría neoclásica, que tendió a liberar a los mercados de la “represión
financiera”, desregulándose la actividad financiera local e internacional.
Los organismos financieros internacionales, creados para promover el buen
funcionamiento del sistema de Bretton Woods (cooperación de los países socios
para hacerse de mecanismos contracíclicos en posibles escenarios de crisis
económicas, post los “gloriosos 30” keynesianos)), fueron reconvertidos en
organismos promotores de la nueva ideología neoliberal.
En ese orden, Argentina se subió a la ola de aquellas transformaciones.
El sistema financiero fue radicalmente modificado, como ya se ha señalado, en
1977 por la dictadura militar, iniciando un proceso que, según la teoría en que
se asentaba, llevaría a una mayor eficiencia en la asignación de los recursos
financieros, promoviendo el ahorro y encauzándolo hacia el sector productivo. Esto
concebiría un “círculo virtuoso” de ahorro, inversión, crecimiento, empleo y
desarrollo económico.
La Reforma Financiera se concretó a través de diversas disposiciones
legales sancionadas en 1977, principalmente la Ley Nº 21.495 de
descentralización de depósitos (sancionada el 17 de enero de 1977) y la Ley Nº
21.526 de entidades financieras (14 de febrero de 1977).
Dentro de este marco, las principales medidas implementadas a partir de
las leyes pueden resumirse en los siguientes puntos:
• Autorización a los bancos para captar depósitos por cuenta propia
• Atribución al BCRA de facultades exclusivas de superintendencia y de
manejo de las políticas monetarias y crediticias.
• Liberalización de los criterios con que las entidades financieras
podían fijar las tasas de interés activas y pasivas.
• Derecho exclusivo de los bancos comerciales para actuar como
intermediaros monetarios y como únicos autorizados a recibir depósitos a la
vista.
• Normas sobre nivel de capitales
mínimos, que facultan al BCRA a modificarlos en función de las necesidades de
política monetaria.
• Extensión de las garantías del BCRA sobre todos los depósitos en moneda
nacional, de todas las entidades.
• Reinstauración del papel del BCRA como prestamista de última instancia,
a partir del restablecimiento de una línea de redescuento a la que tienen
acceso todas las entidades financieras.
• Fijación de relaciones límite entre activos inmovilizados y patrimonio
neto de las entidades.
• Dictado de normas sobre la relación entre la responsabilidad
patrimonial y los depósitos; y entre aquella y los préstamos.
• Liberalización de las condiciones para la apertura de entidades
financieras y filiales.
• Establecimiento de normas para la ponderación del riesgo implícito en
las operaciones de crédito fijando regulaciones para su otorgamiento, así como
para las garantías y demás obligaciones contingentes.
• Redefinición del concepto de persona física y jurídica vinculada a las
actividades financieras y de los grupos económicos.
• Modificación del régimen de especialización de las entidades
financieras establecido en 1968 por uno de universalidad.
Todo este arsenal de modificaciones brindó el contexto ideal para la inversión
especulativa pura y exclusiva, dirigida al mundo de las finanzas. Con lo cual,
la promocionada bonanza devenida de la liberalización nunca llegó y, por el
contrario, produjo profundas crisis en la economía del sector productivo,
impulsando la caída de la actividad económica de aquel sector, con caída del
salario real e incremento de los niveles de desempleo.
En adición. se complementaba el deterioro en las condiciones laborales de
la clase que vive de su trabajo con la persecución (desaparición) de las
comisiones internas, cuerpo de delegados, y los sindicatos en general. El
resultado de las condiciones enumeradas produjo un buscado, por los gobernantes
de facto de la época, disciplinamiento de la clase obrera, el surgimiento de la
actividad especulativa financiera y un fuerte endeudamiento externo (público y
privado) que condicionaron el desarrollo
económico argentino por décadas.
De ese modo y al ritmo de las condiciones favorables para la reproducción
de la especulación financiera se fue generando una nueva forma de acumulación
capitalista en donde los grupos económicos locales coordinaban sus acciones con
entidades financieras extranjeras como modo de maximizar sus utilidades.
El hecho descripto, produjo un entramado financiero nacional vinculado
potentemente con capitales foráneos, que operaban en el país pero con una
importante dependencia de las facilidades que se les daban en los llamados
“paraísos fiscales”, que no son otra cosa que territorios que “se caracterizan
por la ausencia de normas restrictivas, tanto en materia de transacciones
financieras como de las sociedades que allí se asientan, impidiendo la
identificación de sus titulares y el origen de los fondos allí administrados” (www.argentina.gob.ar).
A partir de ese momento el país, al igual que el resto de los países
capitalistas, comenzó a funcionar al compás de los vaivenes de la especulación
dada en el sistema financiero mundial. En general, las reformas financieras,
ampliamente difundidas en América Latina y otros países asiáticos, tuvieron un
correlato en tasas de interés reales desmesuradamente altas que concibieron
numerosas crisis bancarias desde principios de la década del ochenta. En tal
sentido, sabido es que las crisis financieras, con corridas bancarias incluidas,
no coadyuvan al desarrollo económico.
Finalmente, cabe mencionar, aunque parezca una obviedad, que el organismo
encargado de regular el funcionamiento de los flujos que se mueven dentro del mercado
de valores estaba intervenido, “vigilado y en, algunos casos, castigado” por la
dictadura militar de turno. Este ente es la Comisión Nacional de Valores que “es
una entidad autárquica con jurisdicción en toda la República Argentina. Fue
creada por la Ley de Oferta Pública No. 17.811 (en 1968 durante la dictadura
del Gral. Onganía) y su objetivo ha sido el de regular la oferta pública,
observando la transparencia de los mercados de valores y la formación de
precios en los mismos, así como también la protección de los inversores” (Economía,
Política y Sistema Financiero – La última dictadura cívico-militar en la CNV;
2013).
En ese sentido, el escenario para el nuevo modo de acumulación financiera
quedó a pedido del nacimiento de una nueva elite integrada por algunas
familias, empresas y grupos económicos que operaban con todas las ventajas que
les daba la parafernalia legal en curso, generando un poder económico “real”
que se movía, y se mueve, en las sombras de una intrincada red de protección
jurídica, pero también política.
Sintéticamente, el sistema implantado configuraba una “trama instituyente de un modelo de
acumulación que tuvo como actores partícipes al sector privado y el público estatal
como parte de una vinculación activa y emparentada con objetivos y
articulaciones compartidas por las elites dominantes del país” (Economía,
Política y Sistema Financiero – La última dictadura cívico-militar en la CNV;
2013).
Conclusión:
Queda claro que el usufructo
del modelo de acumulación financiera implantado en la década del setenta estuvo
orientado a la “entronización” de ciertos actores que se apoderaron de la
cúspide de la escala social, estableciendo, de ese modo, un poder omnipresente
que tiene el mando de la orientación económica, casi exclusiva, de los
países. En ese orden de ideas, basta ver
el lado del que surgen las crisis económicas en los últimos 30 años.
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