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“ECONOMÍA SOCIAL Y SOLIDARIA: EL LUGAR DEL TRABAJO”

 

El lugar del trabajo en la Economía Social y Solidaria

Introducción

El trabajo a lo largo de la historia tuvo la misma finalidad primaria, ser la acción humana creadora básica y fundamental de los medios necesarios para la vida de una comunidad, su reproducción y su sostenimiento. No obstante, su sentido, motivación y significación simbólica y práctica fue cambiando conforme fueron cambiando los sistemas de organización social históricamente determinados.

En tal sentido, este ensayo comenzará por dar un marco conceptual y de propuestas propositivo a partir del debate actual sobre la posición del trabajo en la economía, al tiempo que se esbozará lo que estimamos debería ser el sentido social y político del trabajo en la Economía Social y Solidaria.

A continuación, se dará cuenta de los posicionamientos teóricos, que entendemos más relevantes, que abordan la génesis, función y sentido social del trabajo, su determinación histórica, su potencial con vistas a la elaboración de nuevas teorías y acciones políticas que privilegien la reproducción, en el sentido más amplio. Esto significa poner a la reproducción de la vida por encima de la propuesta de la teoría económica hegemónica que sitúa en un lugar de privilegio a la reproducción ampliada del capital y en tal sentido, propondremos la institución de otra economía asociada a la conversión de la conciencia social dominante por una conciencia basada en lazos solidarios, el cuidado de los recursos naturales esenciales para la vida y el bienestar común por delante de la búsqueda del beneficio individual.

Luego trazaremos una línea de pensamiento propia sobre cómo podemos caracterizar la cuestión del trabajo en la coyuntura actual y las tendencias previsibles y pondremos en debate la cuestión del sujeto o sujetos sociales y políticos que pueden asumir y llevar a cabo un programa de transformación de la economía.

Finalmente, esgrimiremos algunas ideas de lo que estimamos alternativas a la doctrina neoliberal en virtud de las proposiciones estudiadas a través de los distintos autores que se han tenido en cuenta para el presente trabajo.

 

 

1) Marco conceptual y propositivo de la Economía Social

(La reproducción ampliada de la vida por sobre la reproducción ampliada del capital – El rol del trabajo)

En el marco de la producción y reproducción de las condiciones de la vida de una sociedad, la Economía Social y Solidaria (ESS) se presenta como una alternativa a la economía capitalista, incorporando características, entendemos, esencialmente “humanas” a la reproducción ampliada de la vida. Esto es, la cuestión del trabajo en la ESS se entiende como una propuesta de creación de las condiciones de vida más armoniosa desde el punto de vista de las relaciones sociales, respetuosa del cuidado del medioambiente y en donde el trabajo adquiere una dimensión creadora, más allá de ser la categoría central (instrumental) para la reproducción de la vida material, desde el punto de vista práctico, pero también desde la perspectiva de la dignidad humana, de la creación del conjunto multidimensional las condiciones materiales de producción y reproducción de una sociedad.

En tal sentido, la idea central sería la de encontrar las vías factibles para la promoción y el desarrollo de:

“un modo de hacer economía, organizando de manera asociada y cooperativa la producción, distribución, circulación y consumo de bienes y servicios no en base al motivo de lucro privado sino a la resolución de las necesidades, buscando condiciones de vida de alta calidad para todos los que en ella participan, sus familiares y comunidades, en colaboración con otras comunidades para resolver las necesidades materiales a la vez que estableciendo lazos sociales fraternales y solidarios, asumiendo con responsabilidad el manejo de los recursos naturales y el respeto a las generaciones futuras, consolidando vínculos sociales armónicos y duraderos entre comunidades, sin explotación del trabajo ajeno”. (Coraggio, 2007)[1]

Por lo demás, desde la perspectiva de la ESS la centralidad del trabajo adquiere una arista propia. La creación de los medios materiales para el desarrollo de la vida se encuentra en el núcleo de su definición, aunque no necesariamente defina en su totalidad la acción de trabajar. En la ESS el trabajo es síntesis de la creación de los elementos recreadores de la vida misma, la creación objetivada de la conciencia social en relación con los vínculos sociales y la búsqueda de una acción consciente de la reproducción ampliada, en toda su totalidad, de la vida de una comunidad.

De ese modo, de lo que se trata es de repensar críticamente y reintitucionalizar al trabajo en el marco de la creación de otra economía, organizando la producción de manera socialmente mancomunada, anteponiendo la búsqueda de un nivel de vida digno y de calidad para toda una comunidad solidaria antes de la ganancia individual o el lucro empresarial privado donde cada uno compite con todos los demás, es decir, anteponiendo la reproducción ampliada de la vida a la reproducción ampliada del capital, e instalando al trabajo social como motor principal de la resolución de las necesidades, estableciendo vínculos con otras comunidades de modo de construir redes solidarias y de colaboración en virtud de solventar las necesidades materiales de todos, tomando con responsabilidad la administración y el cuidado de los recursos que brinda la naturaleza y, de manera primordial, reemplazando la explotación del trabajo ajeno por trabajo socialmente comprometido y necesario, en función del propio aporte voluntario de los trabajdores, concientemente organizados con un proyecto de trasformación social, en procura de la reproducción en toda su magnitud de la vida de una sociedad.

En síntesis, y contrariamente a los rudimentos capitalistas del uso de la fuerza de trabajo donde ésta es vista, solo como fuente generadora de plusvalía al servicio de la ganancia del empresario y como condición sine qua non para el sostenimiento del statu quo de las clases dominantes y la reproducción del metabolismo social bajo los requerimientos del capital, el trabajo en la ESS se concibe como una acción social y políticamente organizada para contribuir a realizar el potencial de capacidades humanas y garantizar el desarrollo de una vida digna para todos, su sostenimiento y reproducción en toda su dimensión.

 

2) Revisión histórica del tratamiento teórico del trabajo y su relación con la evolución de la economía y la sociedad – El trabajo como categoría históricamente determinada.

Considerando a Marañón, (2015)[2], a lo largo de la historia la concepción del trabajo tanto en su función social como en su posición relativa en torno a la estratificación de las sociedades fue cambiando, y conforme a los determinantes históricos relacionados con la forma que iba adquiriendo la producción y reproducción material de los medios para la vida de las sociedades fueron apareciendo autores que se han ocupado de definirlo y explicarlo en términos teóricos.

En ese sentido, en la Grecia de la esclavitud, Aristóteles afirmaba que trabajo era solo una acción que se realizaba de manera manual y sacrificada (Marañón, 2015, pag. 5) que era llevada adelante por esclavos, mientras que para los ciudadanos quedaban la tareas relacionadas a la política.

Contrariamente, Santo Tomás de Aquino sostenía que el trabajo no se circunscribía solamente a la labores manuales ya que para el religioso la política también era considerada como un trabajo de orden intelectual que debía ser ejecutado por el clero o la nobleza, dejando para los campesinos el trabajo manual, en tanto estos últimos, sostenía, estaban mejor dotados físicamente para tal actividad “Los campesinos eran vistos como personas bien dotadas físicamente para realizar “trabajos manuales” y con escasa capacidad intelectual” (Jaccard, 1977, citado en Marañón, 2015, pag. 7).

Más adelante en el tiempo, con el advenimiento de protestantismo se exacerba cierto entendimiento ético que condena el ocio y al mismo tiempo promueve el trabajo intensivo como medio para adquirir la riqueza necesaria para ser merecedores del ascenso al cielo y a la gloria eterna. Como antítesis de lo anterior, el ocio y la acción de vivir a expensas del trabajo ajeno conllevaban un irremediable descenso al infierno.

Siguiendo a Marañón, (2015, pag. 9), Locke consideraba que la riqueza siempre era mediada por el trabajo humano, en tanto la naturaleza por sí sola no la generaba, y que el producto del trabajo era una extensión de la persona misma. De este razonamiento brotaba la idea de que el trabajo confiere un innegable derecho a la propiedad privada “Así, Locke // considerará que el “trabajo”, al ser la actividad que confiere valor a la mayor parte de los objetos de la naturaleza, debe estar en el origen de la propiedad” (Marañón, 2015, pag. 10).

Genovesi, por su parte diferencia al trabajo productivo del improductivo. El primero era aquel que proporcionaba los bienes necesarios para la vida, este trabajo era esencialmente manual y sentaba las bases de la estratificación social en “clases”. Los individuos que trabajaban, esto es, que elaboraban valores de uso, eran los que se encontraban en el estrato más bajo de la sociedad, subordinados a las clases dominantes y que mediante el esfuerzo continuo podrían ascender a los estratos más altos “para Genovesi, los trabajadores, pese a su condición de trabajadores productivos y de generadores de la riqueza nacional, seguían teniendo una condición subordinada, de acuerdo a la visión aristocrática que ha nutrido el pensamiento occidental respecto del trabajo, ya que para los sectores dominantes el “trabajo manual” era y es poco valorado” (Marañón, 2015, pag. 10).

En esa línea de pensamiento, Adan Smith afirma que el trabajo productivo es aquel que agrega valor a los recursos naturales, mientras que el improductivo es el que obtiene beneficios del valor agregado por el anterior. Adicionalmente, Smith, hace hincapié en la división técnica y social del trabajo, mediada por el mercado, como mecanismo impulsor de una mayor productividad (Marañón, 2015, pag. 12).

Boris Marañón, por su parte, desarrolla una crítica al concepto tradicional y eurocéntrico del trabajo como articulador de las relaciones sociales y como fenómeno universal y unidireccional. Al tiempo que también propone una mirada crítica de la visión lineal o evolucionista de la historia ya que para este autor tal concepción pertenece a una mirada occidental y no se condice con la superposición de experiencias sociales y la crisis del trabajo asalariado en la actual coyuntura. “La limitación de la crítica marxista al capitalismo radica en que Marx compartía los valores centrales de la civilización occidental: desarrollo, progreso, industrialización, trabajo asalariado, desarrollo tecnológico, homogeneizando el globo, destruyendo culturas “atrasadas” o “pueblos sin historia” ((Marañón citando a Fontana, (1982) y Lander, (2008), pag. 15)).

Esta concepción eurocéntrica, según Marañón choca con las experiencias no occidentales de trabajo no asalariado, las relaciones de reciprocidad existentes, las condiciones étnicas de los individuos, etc. En síntesis, la visión eurocéntrica era incapaz de considerar en su análisis el trabajo no capitalista.

Prosiguiendo, Postone (2005) propone analizar a Marx desde la concepción histórica que postula El Capital (1867), sobre todo cuando deja de lado los términos “producción” y “consumo” y comienza a utilizar el de “producción mercantil simple”; es decir, deja de usar categorías consideradas transhistóricas para utilizar una históricamente determinada: “mercancía”, en donde ésta es una categoría relacionada a un forma específica e histórica de organizar la producción social y las relaciones sociales en el modo de producción capitalista.

En este punto, mercancía implica “una forma de práctica social constituida y estructurada que // constituye un principio estructurante de las acciones, las visiones del mundo y las disposiciones de los individuos.” (Postone, 2005)7. A su vez, según el autor, Marx va a dejar en claro que las mercancías son productos del trabajo (tanto abstracto como concreto) y, por lo tanto, “el trabajo en el capitalismo es definido, distribuido y acordada su significación social por estructuras (mercancía, capital) que son constituidas por el trabajo mismo. Es decir, el trabajo constituye una forma de las relaciones sociales que presenta un carácter impersonal, aparentemente no social y cuasi-objetivo” (Postone, 2005)[3]. Con todo esto, lo que postula el autor es que lo que hasta ahora fue utilizado por el marxismo tradicional como una categoría transhistórica es sólo una forma específica e históricamente determinada de mediación de las relaciones sociales.

El trabajo asalariado en el capitalismo, explica, tiene su génesis, en línea con lo que postula Polanyi (1989)[4], en el momento en que el trabajador está “liberado” de los medios de producción y de los lazos de dependencia personal del señor feudal y se convierte en propietario de su fuerza de trabajo, capaz de ser empleada a cambio de un salario. Por lo tanto, la fuerza de trabajo se convierte en una mercancía y como tal, posee un valor: su salario. En el proceso de producción, el trabajador genera más valor del que le cuesta su propio salario al comprador de la fuerza de trabajo (el dueño de los medios de producción, o sea, el capitalista), y ese diferencial de valor (plusvalía) es apropiado por el capitalista, dado que el trabajador trabaja bajo la dirección del capitalista un tiempo acordado que excede el necesario para reproducirse (plustrabajo).

Postone, siguiendo a Marx, explica que otro elemento de relevancia que otorga dinámica al proceso de acumulación es la forma de extracción de plusvalía. Mientras una forma es la de extender la jornada de trabajo (extrayendo plusvalía absoluta), otra es que el trabajador genere más valor en menos tiempo (plusvalía relativa). En este último caso, el tiempo de producción es el aspecto fundamental de análisis.

En otro orden, si bien una mercancía se produce en un tiempo socialmente necesario promedio, en tanto los distintos capitales utilizan técnicas de producción o logran distintos grados de eficiencia, aquel capital que logre producir la misma mercancía en un tiempo menor, estará apropiándose de una plusvalía relativa. Y justamente el tiempo es el último elemento sobre el que Postone propone “repensar a Marx”. Para el autor, el tiempo socialmente necesario no es más que una medida relativa, ya que no es estática ni mucho menos absoluta. Con el afán de aumentar la riqueza ilimitadamente, los distintos capitales generan innovaciones que le permitan disminuir el tiempo de trabajo por debajo del socialmente necesario en ese momento. Ahora bien, cuando el aumento de la productividad se traslada al resto de los capitales, el menor tiempo de producción que el capital innovador tenía (y que le daba ventaja sobre el resto) se transforma en un nuevo tiempo de trabajo socialmente necesario. Este proceso puede continuar sin límites en tanto se va modificando la tecnología para tal fin.

Postone resalta que la dominación del tiempo de producción es la nueva forma de dominación social. Esto significa que en el capitalismo no sólo existe la dialéctica de clase o la disputa por el poder de dirección de la producción y la distribución de la riqueza. Por el contrario, el autor sostiene que en la modernidad, la dominación pasa por aquel que posee la técnica que logra disminuir el trabajo socialmente necesario en la producción. De esta manera, logra acumular más riqueza que el resto de los capitales. Además, aquel que domina el tiempo socialmente necesario, implícitamente, está dominando al conjunto de la fuerza de trabajo, ya que logra subordinarla a la nueva técnica impuesta.

 

3) La cuestión del trabajo en la coyuntura actual, las tendencias previsibles

¿Fin del trabajo o la reformulación de su sentido?

En el marco de los aportes teóricos sobre el trabajo se encuentran diversos puntos de vista que promulgan el fin del trabajo tal cual lo conocemos hoy en día. Aquellos aportes se sostienen con argumentos que abarcan desde la importancia asumida por el avance tecnológico en detrimento del sostenimiento y/o la creación de nuevos puestos de empleo; la pérdida de la centralidad del trabajo como “encadenador” de las relaciones sociales; el declive del trabajo como motor fundamental de la creación de valor; hasta la perspectiva que sostiene que la crisis del trabajo deviene de un problema político desarrollado a partir de los cambios en el modo de acumulación y la crisis sindical.

En ese orden de ideas, siguiendo a Neffa[5], la posibilidad del fin del trabajo asalariado establece una discusión dicotómica entre los que ven ese hipotético desarrollo como algo positivo, ya que de él brotaría una sociedad que remplazaría a la actual sociedad salarial por una potencial “sociedad del trabajo”, señalando que esta nueva sociedad daría pie al nacimiento de otra, contenedora de un trabajo que se desenvuelva dentro de un espacio “no mercantil“, con las condiciones necesarias para encaminarse hacia otra economía superadora de la actual y en donde podría generarse un ingreso universal de existencia sin que necesariamente exista una contraprestación por tal estipendio.    

Del otro lado, hay quienes sostienen, tal como afirma J. Rifkin (2001) que el fin del trabajo es un hecho indefectible y al mismo tiempo “lamentable”[6], derivado del aumento de la productividad como resultado del avance tecnológico y de las comunicaciones e información que inexorablemente llevará a la mayoría de las poblaciones al desempleo. Este escenario sería crucial para la creación de un tercer sector que circule por fuera del mercado y del Estado, particularmente produciendo servicios que resuelvan necesidades sin mediación del mercado (como los servicios de proximidad) (Laville) en donde se debería conferir a sus integrantes un ingreso de subsistencia, en tanto víctimas de tan penosas transformaciones del mundo laboral. En tal sentido, autores como el citado asumen un panorama sombrío respecto del futuro del trabajo asalariado “Las víctimas de la tercera revolución industrial empiezan a contarse por millones de trabajadores sustituidos para dejar paso a máquinas más eficientes y rentables. El desempleo crece y los ánimos se van encrespando en todos los países atrapados en la lucha de las empresas por mejorar a cualquier precio los sistemas productivos” (Rifkin, 2001)

En esta misma línea de ideas se posicionan aquellos que sustentan, al igual que Rifkin, que el progreso técnico incidirá negativamente sobre el empleo pero poniendo en la discusión, también, al sector servicios organizado mercantilmente,  que durante un tiempo fuera refugio de los expulsados del sector de las manufacturas y que hoy en día ya no daría abasto para absorber el desempleo devenido de la automatización de la industria, lo que agravaría la situación de los sectores que dependen de la venta de su fuerza de trabajo para subsistir. Tal es el enfoque de Alberto Rabilotta y Michel Agnaïeff: “el sector de servicios ha sido  el principal refugio para los trabajadores expulsados de los empleos. Empero, la capacidad del sector de servicios para compensar las pérdidas de empleos sufridas // ha ido disminuyendo // y la próxima ola de progresos tecnológicos puede ser mortífera en el capítulo de empleos …”[7]

Sin embargo, retomando a Neffa, hay quienes asumen que el trabajo asalariado lejos está de verse amenazado en tanto y en cuanto se tomen ciertas medidas de carácter organizacional y financiero adoptando formas de gestión, organización, de mercantilización y producción que reduzcan costos y hagan más productiva la actividad económica (pag, 53). De igual modo, existe la visión que plantea que los problemas de empleo pueden subsanarse mediante un crecimiento económico sostenido que haga hincapié en una mayor inversión bajo la relación capital-trabajo o impulsando una nueva distribución del empleo “Los economistas y políticos cercanos a las tendencias "social-demócratas" y del comunismo tradicional ven esa posibilidad siempre que se produzca un fuerte crecimiento económico” (Neffa, 2001, pag. 53).

En este punto, se incorpora a la discusión la modernidad y la racionalidad económica. En ese aspecto, Gortz (1997)[8] expresa que la evolución del capitalismo y de su forma particular de trabajo necesario para su sostenimiento, el trabajo asalariado, necesitó de un componente racional específico compuesto por una subordinación total de sus motivaciones a tal racionalidad, que no solo ordenaba al trabajo en función de una mayor productividad y una organización acorde a los intereses capitalistas vinculados con la obtención de ganancias, sino que promovía un trabajo visto solo como medio para obtener un salario, despojado de cualquier otra motivación social o creativa.

En tal sentido, en la modernidad, según aquel autor, se da una crisis relacionada con la ruptura de la creencia de que la sociedad evolucionaría al ritmo del desarrollo de las fuerzas productivas sin límites, que daría los elementos necesarios para la emancipación de la humanidad eliminando las injusticias, la escasez y desarrollando el dominio pleno de la naturaleza. Sin embargo, la racionalidad económica tiende a abaratar costos de producción y al mismo tiempo a reducir los tiempos necesarios para la producción. Este hecho da pie a que se libere tiempo y se redirija a la producción adicional de otros bienes, de tal modo, que la diferenciación entre las formas de producción vienen dados por el uso de ese tiempo ganado. Adicionalmente de aquello y de la intromisión de los adelantos técnicos en los hogares, las tareas domésticas se verían simplificadas de tal manera que la organización del trabajo se proyecta al ámbito de la “reproducción” reduciendo el tiempo de las tareas domésticas y poniendo un límite, de forma indirecta, a la producción de bienes para el hogar, lo que traería aparejado un decremento relativo en la generación de empleo.

Prosiguiendo, Gorz revisa el trabajo en el sistema capitalista poniendo ímpetu en las características que aquel asume en virtud de la diferenciación que proviene de la división del trabajo que hace que el trabajador cada vez más asuma el comportamiento de una máquina, ya que la racionalización conlleva una organización segmentada y desprovista de colaboración entre los individuos. Es así que entra en juego lo que Gorz llama “heteronomía”, aludiendo al hecho de que los individuos realizan un producto con una organización ajena a sus conocimientos y en apariencia descoordinada, con individuos que no se comunican ni tienen una conciencia plena del objeto que producen pero que trabajan en virtud de la producción de un mismo bien. En este punto es notoria la influencia de Marx desde su postulado del trabajo alienado[9].

En otro orden, Hannah Arendt distingue en la vida de los individuos tres dimensiones, trabajo, labor y acción (Calvez, 1999)[10]. En ese sentido, Arendt detalla que el trabajo es una extensión del proceso biológico del consumo inducido por una necesidad primaria humana y es calificado como el garante de la vida. De este modo el trabajo forma parte de un movimiento cíclico natural que permite su materialización en la elaboración de un objeto.

Analíticamente, sin embargo va a diferenciar la labor, que involucra a los procesos biológicos del cuerpo humano y en donde los individuos elaboran los elementos necesarios para el sostenimiento de la vida y que al igual que el trabajo tiene un comportamiento cíclico que se corresponde con la dinámica propia de la vida y de las funciones corporales. La labor, según Arendt (2003)[11] “es  la  actividad  correspondiente  al proceso  biológico  del  cuerpo  humano,  cuyo  espontáneo  crecimiento,  metabolismo  y  decadencia  final  están  ligados  a  las  necesidades  vitales  producidas  y alimentadas  por  la labor  en  el proceso  de la  vida. La  condición  humana  de  la  labor  es  la  misma  vida.”, por lo tanto la labor no tiene una finalidad definida de antemano, su condición es la de una tarea repetitiva en función de la elaboración de un producto para cubrir las necesidades de subsistencia y a la vez temporal y con una dinámica atada a los requerimientos primarios de la vida de una persona. La labor no deja productos duraderos sino que se esfuma en el mismo proceso de producción-reproducción biológica.

Contrariamente a lo antedicho, el trabajo insume un proceso de creación de bienes de uso durable, que más allá del efectivo uso perduran en el tiempo y que son el resultado de un proceso de fabricación generado a través de la transformación de los recursos naturales mediante la aplicación de las habilidades manuales de las personas. Esto, entre otras cosas, permite la acumulación de riqueza, material o expresada en la forma dinero.

Finalmente, la acción refiere a la forma en que los individuos se expresan y afirman, sin mediación de ningún tipo, como seres políticamente singulares dentro de una comunidad plural. La acción, entonces, se entiende como la condición mediante la cual los seres humanos recrean su vida dentro de la pluralidad existente en la sociedad y como la manera de afirmar su propia vida. Por medio de la acción el ser humano se inserta en ese mundo plural dándose a conocer desde su diferencia con la finalidad de presentarse y formar, de ese modo, parte de una comunidad, “La pluralidad  es la condición  de la acción humana  debido  a  que  todos  somos  lo  mismo es  decir,  humanos,  y por  tanto  nadie  es igual  a  cualquier  otro  que  haya  vivido,  viva  o  vivirá. (Hanna Arendt, 2003, pag. 48).

 

Hacia otra economía- El sujeto del cambio

En este punto podemos esbozar un análisis tendiente a proponer ideas con vistas a caracterizar  la cuestión del trabajo.

En cierta medida la búsqueda de un camino que lleve hacia “otra economía” debe considerar una sociedad con “otro trabajo”, que sea integrante de la sociedad desde la perspectiva de la organización pautada mediante lógicas que no tengan como meta la mera búsqueda del beneficio privado, sino la persecución del bien general de toda una comunidad. En este sentido, la cuestión a superar estaría dada por la condición irreductible de la eliminación de la alienación y la explotación en términos de la teoría desarrollada por Marx, es decir que la producción no solo debe ser directamente social, sino que debe contener la conciencia social necesaria del individuo que la genere en virtud de saberse productor de bienes necesarios para el bienestar propio y al mismo tiempo para la reproducción general de la sociedad en la cual desarrolle su propia existencia, en donde los lazos sociales se vean condicionados por un sentimiento y una acción solidarios, un esfuerzo conciente, voluntario y comprometido socialmente y un reconocimiento como parte integrante de una comunidad que se guie por valores fundados en la reciprocidad en compromiso con la reproducción ampliada de la vida.

La cuestión que brota de la idea de aquella propuesta, en principio, es que para lograr los objetivos propuestos es necesario un sujeto individual pero a la vez colectivo, un sujeto revolucionario, capaz de llevar adelante tal tarea política y al unísono la elaboración de un desarrollo teórico necesario que sea síntesis y sostenga una praxis fundada en los principios esgrimidos al inicio de este trabajo.

En tal sentido, Laclau & Mouffe, (1987) afirman que la tarea de identificar al sujeto para el cambio, capaz de disputar hegemonía a las clases dominantes se encuentra con la dificultad que impone un mundo plural en el que se establecen una gran variedad de luchas, lo que lo tornan un proceso inmensamente complejo. De igual modo la heterogeneidad de la clase obrera misma o incluso la inclusión de cualquier otro sector social potencialmente revolucionario, puesto que ya no se puede afirmar que el sujeto de la revolución saldrá de lo que se suponía la clase determinada históricamente (según su posición en el modo de producción), hace aún más compleja e incierta la dirección de las luchas a seguir En cuanto a cómo llevar adelante esta transformación, es importante resaltar la heterogeneidad del sujeto revolucionario, es decir, cuando el sujeto que llevaría adelante el cambio era la clase obrera, tenía su objetivo histórico definido (Laclau & Mouffe, 1987, p. 149), pero en la actualidad la propuesta iría de la mano de la creación de un nuevo bloque histórico en condiciones de disputar hegemonía a la sociedad establecida dentro de la complejidad y heterogeneidad, expuesta, desnaturalizando al sistema capitalista como sistema de organización social y dentro de lo que Michael Hardt y Antonio Negri (2004)[12] llaman “multitud” o el proceso que “aglutina una pluralidad de luchas, resistencias y concreciones teórico-prácticas que en su formación materializan formas democráticas de organización política: frente a la autoridad y la jerarquización, autoorganización de formas horizontales de toma de decisiones”.[JC2] 

 

 

4) Conclusión[JC3] 

Finalmente, lo que intentamos hacer con este ensayo fue dar un marco teórico, si bien heterogéneo, complejo y contradictorio, de la cuestión del  trabajo, ya que consideramos a éste como el elemento central para la concreción de cualquier sociedad, pero fundamentalmente de una basada en los preceptos antedichos que se corresponden a una Economía Social y Solidaria.

Al mismo tiempo, hemos esbozado algunas ideas a tener en cuenta a la hora de buscar una resolución propositiva de tal problema, conjugando las teorías abordadas con nuestro ideal de sociedad superadora de la actual capitalista. Sin embargo, sostenemos que debe ahondarse en la persecución de una teoría apropiada que sintetice y oriente los requerimientos de una sociedad basada en un Economía Social y Solidaria.

Igualmente importante nos parece la cuestión de la conciencia colectiva superadora. Entendemos que la tarea de mancomunar las luchas que se dan a diferentes niveles de una sociedad y a nivel global necesita de un esfuerzo intelectual extremo. Quitarse de encima la determinación capitalista de la conciencia es una tarea que, a nuestro entender, se dará conforme se avance en la concreción de los objetivos o, por lo menos, en el intento de acercamiento a la Utopía posible (aunque suene contradictorio) de una sociedad basada en otros principios.

En relación a aquello comprendemos que el sujeto para el cambio revolucionario no puede ser construido desde “arriba”, sino que se originará en la luchas mancomunadas y al fragor de las contiendas políticas y por sobre todo en la práctica cotidiana, en la realización de aquella “otra economía”, en el contacto diario con la experiencia vinculada con la creación de una sociedad de nuevo tipo.

Particularmente entendemos que el marxismo no es una teoría de código abierto que pueda alterarse de acuerdo a la conveniencia intelectual, ideológica o académica del que la esgrima, pero sí que es una piedra basal para la creación de otras teorías que puedan hacer pie en los problemas actuales sin caer en el reduccionismo dicotómico de la relación capital-trabajo ni en la explicación determinista e inexorable que atribuye todo los males de la humanidad al modo de producción capitalista (cuestión que tiene bastante asidero aunque no explica todo el problema)  y que arguye que la solución pasa por el traspaso de la propiedad de los medios de producción a los obreros, sino que a esa relación contrapuesta pueda sumarle toda la complejidad surgida de las experiencias históricas añejas y actuales de los pueblos originales, los movimientos campesinos, las organizaciones sociales, los emprendimientos solidarios de todo tipo, etc. tomando los puntos positivos de cada una y sumándolos a los preceptos sustanciales, los escritos y los que aún no lo han sido, de la Economía Social y Solidaria.

 

Bibliografía:

  • José Luis Coraggio; El papel de la Economía Social y Solidaria en la Estrategia de Inclusión Social, Ponencia, 2007.
  • Boris Marañón; Crítica del concepto de “trabajo” en la Colonialidad-Modernidad; Costa Rica; 2015.
  • Postone, Repensando a Marx (en un mundo post-marxista), en  B. Lahite et al, Lo que el trabajo esconde, Bifurcaciones, Madrid, 2005.
  • K. Polanyi, La gran transformación, Ediciones de La Piqueta; Madrid, 1989.
  • A. Gorz en Neffa, julio; El futuro del trabajo – El trabajo futuro; CLACSO; Buenos Aires; 2001.
  • J. Rifkin en Neffa, julio; El futuro del trabajo – El trabajo futuro; CLACSO; Buenos Aires; 2001.

 

  • Alberto Rabilotta y Michel Agnaïeff, “Empleo, estancamiento económico y abismo social ¿Cuál es el futuro del trabajo?”; http://www.alainet.org/es/articulo/175206.
  • André Gorz, Metamorfosis del trabajo, Editorial Sistema, Madrid 1991.
  • Karl Marx, Manuscritos de 1844.
  • Calvez, Jean-Yves, Necesidad del trabajo. ¿Desaparición o redefinición de un valor? Buenos Aires, Losada, 1999.
  • Hannah Arendt, La condición humana, Paidós, Buenos Aires, 2003.
  • Michael Hardt y Antonio Negri, Editorial debate, España, 2004.
  • Marx, Karl, El Capital (Tomo I), 1967.


[1] José Luis Coraggio; El papel de la Economía Social y Solidaria en la Estrategia de Inclusión Social, Ponencia, 2007.

[2] Boris Marañón; Crítica del concepto de “trabajo” en la Colonialidad-Modernidad; Costa Rica; 2015.

[3] Postone, Repensando a Marx (en un mundo post-marxista), en  B. Lahite et al, Lo que el trabajo esconde, Bifurcaciones, Madrid, 2005.

[4] K. Polanyi, La gran transformación, Ediciones de La Piqueta; Madrid, 1989.

[5]  A. Gorz en Neffa, julio; El futuro del trabajo – El trabajo futuro; CLACSO; Buenos Aires; 2001.

 

[6] J. Rifkin en Neffa, julio; El futuro del trabajo – El trabajo futuro; CLACSO; Buenos Aires; 2001.

 

[7] Alberto Rabilotta y Michel Agnaïeff, “Empleo, estancamiento económico y abismo social ¿Cuál es el futuro del trabajo?”; http://www.alainet.org/es/articulo/175206.

 

[8] André Gorz, Metamorfosis del trabajo, Editorial Sistema, Madrid 1991.

[9] Karl Marx, Manuscritos de 1844.

[10] Calvez, Jean-Yves, Necesidad del trabajo. ¿Desaparición o redefinición de un valor? Buenos Aires, Losada, 1999.

[11] Hannah Arendt, La condición humana, Paidós, Buenos Aires, 2003.

[12] Michael Hardt y Antonio Negri, Editorial debate, España, 2004.


.

 [JC2]se hace aparecer como complementarios dos enfoques que divergen.

 [JC3]buena presentación.

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